LOS MACRODELINCUENTES DE LA GEOPOLÍTICA | Nínive A. Buznego
- Nínive Alonso

- 24 ene
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Actualizado: 25 ene
Artículo publicado en prensa, tribuna, viernes 23 enero 2026 EL COMERCIO, El Comercio Digital y La Voz de Avilés (Grupo VOCENTO)

Por NÍNIVE ALONSO BUZNEGO.
Abogada y Filósofa
Entre comunistas enquistados y capitalistas pedófilos, potencias históricas y moles que emergen, reaparecen esos supuestos árbitros vehículos de la más excelsa Justicia internacional, organizaciones como la ONU aparentemente correctas que, sin embargo, arrastran históricos de delincuencia blanqueada. Un panorama desolador. Cutre espectáculo de gentuza en el poder.
Ilusos e infantiles nos hallábamos creyendo en metarrelatos ideológicos, subestimando el retorcimiento del ser humano cuando de alcanzar poder sobre otros se refiere. Estúpido aquello del “buen salvaje” que Rousseau promulgaba conservar mientras escribía el Emilio, entre abandono y abandono de hasta sus cinco hijos en el hospicio.
De esto va la política desde el magno Platón, en confundir para lo mismo, esto es, repartirse el pastel como en la escena de El Padrino II, cuando la mafia se reparte en una terraza soleada la tarta de Cuba.
El principio de año, ese 3 de enero fue un día diferente, inusual, yo estaba de guardia y despierta por lo que apenas las noticias de la incursión de Trump en Venezuela se difundieron me enteré. Comencé a seguir los comentarios, de un lado y de otro y llegó mi primera reflexión: a todos quienes llamaban libertador a Trump, había que decirles que su libertad la bordaba todos los días, sobre todo con su amistad y apoyo a Netanyahu, con letras de sangre.
Así mismo recordé ese bellísimo primer parágrafo del Manifiesto Comunista de Marx y Engels “toda historia de la sociedad humana hasta el día de hoy es una lucha de clases, libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos”. Mi posición estaba clara.
Horas después comenzó el show, Trump, admitía, sin ambages, su único interés respecto a su operación en Venezuela y el secuestro/detención de su presidente de gobierno Nicolás Maduro: el dominio de las reservas de petróleo del país, ni una sóla vez mencionó el concepto “democracia”: no le interesó tapar sus propósitos, sino vanagloriarse de una operación quirúrgica “nada igual desde la Segunda Guerra Mundial” en sus propias palabras. Los eufemismos estaban sobrevalorados.
Más bien tarde, Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas condenó la operación por contraria a las normas de Derecho Internacional, con su “The power of law must prevail”. Quise volver a creer en la ONU, quise olvidar ese libro del premiado periodista Eric Frattini, ONU: Historia de la corrupción. Quise olvidar la mentira de las naciones unidas bajo el amparo y la promulga de la Ley.
Era indignante, ese ego trumpiano desbordante queriendo jugar sólo en el ajedrez del mundo, moviendo fichas sin normas “más que su propia moral”, deplorable, o como dijo Gustavo Petro presidente de Colombia en respuesta al imperialismo: “Un clan de pedófilos quiere destruir nuestra democracia”. Mi posición seguía clara.
Había desoído- relativamente- las celebraciones por el arresto “del dictador y tirano Maduro”. La Ley internacional debe prevalecer. Luego vi, la intrahistoria, las vidas cotidianas, las caras de los presos políticos del gobierno venezolano, sus nombres, los “motivos” de su detención, sus testimonios; Las torturas. Maduro, ese falso comunista, un opresor enquistado en el poder a cualquier precio, de chándal americano defendiendo un petróleo pero no para su pueblo, una libertad pero no para su pueblo. Sin el 3 de enero esto seguiría.
¿Es nuestra moral ilustrada de conservación quién utiliza la ley internacional para mantener un status quo flagrantemente delictivo en otro lugar a cambio de nuestra propia paz? Y si la respuesta es un sí, estamos en la ciénaga más hedionda las ideas.
Nínive A.B.
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Nínive Alonso Buznego
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